Bastardos

Titulares de la noticia en un medio de comunicación regional:

“Comidilla veraniega entre los vecinos del pueblo

Intriga por la existencia de un bastardo de 4 metros en Las Arribes de Villarino (Salamanca)”

Y la noticia dice así:

 “Los vecinos de Villarino de los Aires (Salamanca) no dejan de hablar y comentar por los bares, plazas y torales de un hecho que los tiene intrigados. Dicen que si por los parajes de Ambasaguas, Teso de la Bandera o Cuestas del río vive un bastardo que puede llegar a medir hasta cuatro metros de longitud.

Unos aseguran que lo han visto, que si tiene pelos como los de una muñeca velluda, otros que si es gordo como él solo, otros que ni se sabe. El hecho es que hasta el mismo Seprona es conocedor del asunto y ello hace que bien el miedo, bien la curiosidad, para este verano caliente ya existe una comidilla entre los vecinos.

Trata esa noticia de mitad de julio de 2013  de una culebra bastardo, que es así, pero, dicen, de cuatro metros de largo:

 bastardo

Decía esta otra noticia de hace unos pocos años, también verano, lo siguiente sobre otra culebra bastardo que tenía asustados a vecinos de otra población:

“Se alimenta de distintas especies de alimañas, ratas, ratones palomas, pájaros. Se alimenta de todos los huevos de esas aves y como ya se ha hecho bastante grande, ahora sale y cruza la calle”

En verano salen las serpientes de verano, que salen y cruzan la calle. Serpientes de verano que no son solo las del lago Ness, allá en Escocia, donde la temperatura es fresca, y hasta fría, en verano, sino en Españajistán, donde arde el verano, arden las linotipias que ya no existen, o sea, los medios de comunicación y las redes sociales que existen poco para lo que deberían, arden con otras serpientes de verano menos simpáticas que Nessie, serpientes de verano dañiñas, gordas, con cara, con mucha cara, que muerden, que asfixian, que  puede que se alimenten de alimañas y hasta de no alimañas, pero serpientes de verano al fin y al cabo.

Y las serpientes de verano, aparte de existir y hasta de ser peligrosas y hasta muy peligrosas, sirven para ocultar la falta de noticias en verano y seguir vendiendo periódicos.

Porque, claro, no hay noticias en verano en Españajistán.

En Españajistán no hay noticias en verano. ¿Tampoco hay noticias en verano en España? ¿No es noticia que merezca espacio que en España ya cuando hay pleitos solo recurren los bancos, prácticamente, porque las tasas judiciales no permiten, y que eso era lo que se pretendía? ¿No es noticia que en España haya niños que pasen hambre? Lo primero directamente no sale en los medios, o sea, no existe; lo segundo merece un rinconcito en un periódico quizá regional, tan pequeño, que el que lea esto no lo habrá visto, o sea, tampoco existe.

Claro, no interesa que se sepa que en España, Españajistán, no hay justicia para el que no puede pagarla y que hay niños que pasan hambre, lo que significa además, que también la pasan los adultos de su entorno familiar. Si no se sabe, no existe.

Dice UNICEF, esa organización notoriamente revolucionaria,  que

“Las vacaciones dejan sin su única comida completa a miles de niños.”

Lea la noticia completa el lector o la lectora; léala, si se atreve. Además de proporcionarse datos, se menciona un debate sobre si los comedores escolares deben abrir o no en verano, para dar a niños su única comida al día. Un debate.  Se abre un debate en España sobre si los niños que viven aquí, en España, deben COMER O NO. Y no solo se abre ese debate, el debate de si unos niños deben o no comer en verano; usted lector o lectora, no sabe siquiera que existe ese debate, porque, claro, en Españajistán, no hay noticias en verano.

Y mientras aquí, en España, en Españajistán, en verano de 2013, están las serpientes de verano en las portadas. Algunas,  reptan; otras, cantan.

Y mientras, no se sabe porque nadie lo dice que en España, en Españajistán, no hay justicia para todos y que se pasa hambre. Es que hay mucho bastardo, no en la acepción  de boa o culebra, sino en ese otro sentido que se usa ahora mucho, traducción por las bravas, a mocosuena, del inglés de película estadounidense de lo que en castellano recio se ha llamado toda la vida de otra forma. ¿De qué forma? Esta bloguera procura no usar palabras y expresiones malsonantes, salvo que no quede más remedio, y aunque aquí andamos al límite, no va a decirlo.

Verónica del Carpio Fiestas

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Miguel Ángel Blanco

Con profundo respeto, a la memoria de Miguel Ángel Blanco, persona de bien

Hace ahora 16 años fue asesinado por ETA el joven concejal del PP Miguel Ángel Blanco. Las hemerotecas recogen las masivas manifestaciones ciudadanas que hubo entonces, y la Historia con mayúsculas recogerá quizá cómo ese asesinato y esas manifestaciones fueron un punto de inflexión en la vía de desaparición de la banda criminal, y la memoria  colectiva y la individual permiten comprobar que, en contra de lo que se dice, las movilizaciones pacíficas sirven para algo y hasta para mucho.

La memoria individual aporta otro dato, anecdótico, aunque quizá no tanto. En la pequeña, insignificante, historia personal de esta bloguera consta un dato que naturalmente no figura en ninguna hemeroteca. Una de tantas personas horrorizadas y asqueadas que salió ese día a la calle, como había salido muchas veces antes y volvió a salir después por esos motivos y por otros, y volverá a salir, pacíficamente, cuando se lo exija su conciencia, en una de esas masivas manifestaciones de esos días, era quien esto firma. En un Madrid de julio, había una muchedumbre ingente; un millón y medio de personas, según las hemerotecas.

Y al lado de quien esto firma, por pura casualidad, y una de tantas personas horrorizadas y asqueadas de ese inabarcable gentío, se encontraba un juez de Plaza de Castilla. Los jueces, dicen, no tienen derecho de manifestación. Pero allí estaba ese juez, uno de tantos, una persona, un ciudadano, entre la masa de ciudadanos. Esta bloguera nunca lo ha olvidado.  Nunca ha olvidado que aunque el artículo 395.1 de la Ley Orgánica del Poder Judicial parece que prohíbe a los jueces el derecho de manifestación consagrado en el artículo 21 de la Constitución, no lo prohíbe a las personas que son jueces.

Hace unos meses hemos visto manifestaciones de jueces. Jueces en la calle. Jueces identificados como jueces, no en una muchedumbre anónima, para expresar su preocupación por el estado de la Justicia, pese a lo que dice el artículo 395.1 de la Ley Orgánica del Poder Judicial. Quien esto firma comparte su planteamiento y su preocupación. Ha llegado el momento de que los jueces se manifiesten cuantas veces sea necesario.

Y que se manifiesten dentro y fuera de los juzgados, individual y colectivamente. Sí, dentro de los juzgados, con resoluciones, por supuesto y sobre todo, y mucho, pero fuera también, si es preciso, con declaraciones y medidas, y si, también en la calle, si no queda más remedio. Es inaplazable.

Y también cree quien esto firma que si hay que salir pacíficamente a la calle por otros motivos, se sale, jueces y no jueces, ayer, hoy y mañana, como ayer, y cuantas veces sea necesario, en la esperanza y con el ferviente deseo de que no sea necesario hacerlo nunca, porque no haya motivos para ello. Y también en la creencia de que si la Constitución, la nuestra y todas las democráticas, reconoce el derecho de manifestación pacífica, es porque se da por sentado que será ejercido; se parte de que en una democracia puede haber motivos para ejercer ese derecho y que precisamente que esa posibilidad teórica exista y que pueda ejercerse el derecho, y que en efecto se ejerza, significa que se está en una democracia, que también se demuestra y se ejerce constitucionalmente así, y no solo en las urnas.

Y esta bloguera, que incluye siempre una ilustración en sus posts, no quiere hacerlo en este, porque se niega a usar la imagen de Miguel Ángel Blanco para dar peso a opiniones. Solo recurre a su nombre como un homenaje sentido y porque es un símbolo además de una persona, y porque como persona que era, ahora, como siempre, necesitamos personas así, de bien y con dignidad y honradez dentro de los partidos políticos democráticos, y es fundamental que no se olvide que las hay ahora y las ha habido y las seguirá habiendo.

Desgraciado el país que necesita héroes”, decía Bertolt Brecht.  Por suerte, ya no es preciso ser héroes, y ojalá no los hubiera habido nunca; pero seguimos necesitando y se ha necesitado siempre personas de bien, dignas y honradas en todos los partidos democráticos. Y, repito, las hay, y repito, en todos los partidos democráticos. A pesar de todo.

Verónica del Carpio Fiestas

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Esconjuraderos

Un esconjuradero es una construcción pirenaica, especialmente del Pirineo aragonés, así:

Imagen

Una sencilla construcción, orientada a los cuatro puntos cardinales, y abierta, con frecuencia situada en hermosos parajes escarpados. Según dicen los que saben, tradiciones paganas, debidamente bautizadas después por el cristianismo, y que se debieron de prolongar siglos en plena actividad puesto que algunos fueron edificados en el siglo XVIII, llevaban a conjurar las tormentas y el pedrisco mediante ritos en esas construcciones. Amenazaba la tormenta, y los aterrorizados habitantes de la zona se refugiaban ahí, en lugar además de vistas que bien poco les importaban en momentos de espanto ante fuerzas incontrolables, para, acompañados del, y dirigidos por, el mosén, o sus predecesores históricos, practicar los correspondientes ritos.

¿El conjuro era eficaz para proteger de los peligros de las tormentas, terribles en una naturaleza hostil? Sí, claro, con eficacia propia de los placebos, cuyo uso, según también dicen los que saben, puede activar a veces, dicen, ocultas fuerzas en el cuerpo que curan, igual que una verdadera medicina. ¿Ahuyentaba las tormentas? Da igual: ahuyentaba el miedo a las tormentas, que al fin y al cabo era grave, pero remoto.

Los juzgados, de un tiempo a esta parte, se han convertido en esconjuraderos; obsérvese la metáfora, colocados en lugares escarpados, en época de peligros incontrolables, orientados a los cuatro puntos cardinales y abiertos. Los ciudadanos se refugian ahí, y se ofician oscuros ritos de eficacia placebo, de índole cuasi religiosa, cuando no esotérica, para conjurar los peligros de las tormentas jurídicas y económicas.

¿Sirve contra los peligros? Según y cómo. ¿Sirve para ahuyentar el miedo a los peligros? También según y cómo.

Sin medios, los tribunales tardan años en resolver casos de corrupción, mientras unos y otros se acusan de judicializar la política, como si eso fuera una elección. Grave, pero lo no más grave. Y esto al menos se sabe.

Mucho, muchísimo, incomparablemente más grave, el Tribunal Constitucional tarda entre cuatro y diez años en resolver los recursos contra leyes estatales recurridas, y mientras, además, esas leyes se aplican, porque no está prevista en la ley la posibilidad de la suspensión en leyes estatales. Saber que dentro de diez años leyes flagrante y notoriamente inconstitucionales, de efectos devastadores, como la de tasas judiciales, y por supuesto hay más, y cualquiera que se le ocurra al legislador por muy descabellada que sea, puedan ser anuladas, tras aplicarse causando daños irreparables todo ese tiempo, sirve como placebo para la angustia, pero no como medicina jurídica eficaz.

Mejor dicho, lo que sirve de placebo es no saber, porque la gente no lo sabe, porque nadie se lo dice,  y duelen la omisión y la falta de responsabilidad de los medios de comunicación, que se tarda diez años en resolver, y no ser consciente de que todo ese tiempo, inevitablemente, como las tormentas, como el pedrisco, leyes inconstitucionales se aplican. En contra de cualquier principio democrático, pues democracia es control y aquí no hay control. Yendo contra la esencia misma de la democracia; porque la corrupción causa daños, pero no afecta a la esencia de la democracia y tiene solución, y esto es una perversión de la propia democracia, cuya esencia es el control.

Quien es muy consciente de ello, por supuesto, es el legislador, tirio o troyano, que dicta las normas a sabiendas de los plazos que tardarán en revocárselas. Largo me lo fiáis, y el que venga detrás, que arree. Más aún, todo poder que se sabe sin control, y me refiero aquí a mucho más que a disponer de rodillo, tiende al abuso. Saber que no hay control eficaz propicia y fomenta el descontrol, y ahí está la cita clásica de Lord Acton, “El poder tiende a corromper y el poder absoluto corrompe absolutamente”.

Malos tiempos aquellos en los que los habitantes de un país solo pueden encontrar refugio en esconjuraderos jurídicos.

Y malos tiempos en los que se hace creer a la gente que no son esconjuraderos, sino mecanismos eficaces de control.

Y malos, muy malos tiempos, en los que, además, esto no interesa a nadie.

Verónica del Carpio Fiestas

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Citas de Groucho Marx

Esta bloguera es marxista, es decir, acérrima seguidora de los Hermanos Marx. En la Españajistán almodovariana en la que vivimos, varias citas del gran Groucho Marx vienen recurrentemente a la memoria. Pero primero, una foto, para que quien esto lea recuerde que, además de las que salen en las portadas de los periódico, había otras personas de notorio interés que fumaban puros, y que esas otras personas afortunadamente perdurarán en la memoria colectiva y seguirán haciendo reír, pero sin risa amarga de reír por no llorar, cuando los que salen hoy en las portadas sean apenas una nota a pie de página en los libros de Historia con mayúsculas. No perdamos la perspectiva ni la esperanza. Groucho Marx

Primera cita:

¿A quién va usted a creer, a mí o a sus propios ojos?

Segunda cita:

Es mejor estar callado y parecer tonto, que hablar y despejar las dudas definitivamente. [que esta cita sea también atribuida a Mark Twain solo significa que felizmente en Estados Unidos hay muchas personas y cosas valiosas, además de obamas y guantánamos]

Tercera cita:

Estos son mis principios. Si no le gustan tengo otros.

Cuarta cita:

Soldado: “General, ¿no se da cuenta de que estamos disparando a nuestros hombres?”

General Groucho: “Tome un dólar y guarde el secreto

Si quien esto lee considera que es necesaria una explicación de por qué todo esto viene a la memoria, esta bloguera se atreve a recomendar a quien esto lee que quizá haría bien en leer otros periódicos o ver otros programas de televisión. Y disculpe el lector o la lectora el atrevimiento.

Verónica del Carpio Fiestas

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El soborno

Jorge Luis Borges escribió un extraordinario cuento. No, realmente escribió muchos cuentos extraordinarios  (y esta bloguera no va a perder ni un segundo de tiempo ajeno y propio en explicar que Jorge Luis Borges figura en las primeras líneas de la lista de los mayores escritores del siglo XX). Pero hay un cuento que suscita, en estos momentos, una especial reflexión. Se llama “El soborno“, y se publicó dentro de ese imprescindible libro que es “El libro de arena”. El que quiera puede encontrar un enlace al texto del cuento, y al libro completo, pinchando aquí. Una lástima si así lo hace quien esto lea, porque por menos de 10 euros puede encontrar el libro completo en cualquier librería o en libro electrónico, y esta bloguera, a contracorriente,  cree en los derechos de autor y en el derecho de un escritor a ser retribuido por los frutos de su ingenio, y a transmitir ese derecho a sus causahabientes. Pero supongamos que el lector o la lectora no quiere ni gastarse eso en uno de los grandes libros del siglo XX; en ese triste caso, puede encontrar el texto pinchando donde ya se ha indicado. Y para ilustrar un post como este, qué mejor que incluir la portada del libro, en la edición clásica de bolsillo de Alianza Editorial.   el-libro-de-arena-jorge-luis-borges

El soborno” trata, como el título permite deducir, de un soborno. De un extraño soborno a un profesor ejemplar de alto nivel académico, llamémosle A, por otro especialista de inferior categoría, llamémosle B, mediante un inédito sistema: el de atacarlo. El especialista de inferior categoría B no soborna con dinero ni favores ni con halagos al de más categoría B; lo soborna con la sensación para él mismo y para los demás  de que está siendo justo;  es decir, soborna su vanidad.  Curioso, inteligentísimo soborno.

El profesor de superior categoría A, que se precia de imparcialidad, ha de asesorar para que se escoja  entre B y C, para conceder tal cosa concreta. C es amigo, discípulo, compañero, y además lo ha ayudado sin esperar recompensa. B, el que soborna, no es nada de eso, ni lo ha ayudado, y tiene méritos parecidos a C, aunque quizá menores, y por su forma de ser no solo caía mal a A, sino a todo el mundo. El especialista B consigue inclinar a balanza en su favor mediante el sistema de publicar un trabajo doctrinal en el que de forma sibilina y anónima, pero transparente para cualquiera del gremio académico, ataca a A. Por tanto A, persona sin duda justa, decide recomendar a B, precisamente para que nadie, ni él mismo, piense que se ha dejado llevar de la parcialidad ni de la venganza. Así lo dice el personaje:

He cedido tal vez a la vanidad de no ser vengativo“.

Este soborno no encajaría en el Derecho Penal, como otros que aparecen en las portadas de los periódicos, o peor aún, que no aparecen, pero sí en la definición del diccionario de la Real Academia:

soborno1.

(De sobornar).

1. m. Acción y efecto de sobornar.

2. m. Dádiva con que se soborna.

3. m. Cosa que mueve, impele o excita el ánimo para inclinarlo a complacer a otra persona.

En estos tiempos de sobornos evidentes y sórdidos, no está de más recordar que hay otros sobornos. Unos sobornos que no por literarios son menos reales. Afortunadamente, los sobornos de ahora pasarán.  Este “Soborno” de Borges quedará para siempre. Dejando aparte la reflexión filosófica sobre la vanidad humana y las muchas formas del soborno, incluido este tan infrecuente, siempre queda la belleza de la literatura, incluso, o mejor, especialmente, en tiempos fangosos como los que vivimos.  Eso nunca podrá esta bloguera pagárselo nunca suficientemente a Jorge Luis Borges, ni a su memoria, ni siquiera habiendo pagado, como lo ha hecho, al comprar sus libros.

Verónica del Carpio Fiestas

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